El fondo no es decoración: es la mitad del color de la foto. Antes de elegir un rollo, conviene saber para qué va a servir la imagen.
Blanco y gris
El blanco es el fondo de las fichas de producto y de los retratos que después se recortan. Necesita separación y luz propia; si el fondo no se ilumina aparte, sale gris sucio. El gris medio es el más agradecido de todos: no compite con nada, funciona con cualquier tono de piel y admite virarlo en edición.
Colores cálidos
Los tonos mostaza, terracota y arena rebotan luz cálida sobre la piel y suavizan los retratos. Son excelentes con ropa neutra y difíciles con ropa roja o naranja, porque el conjunto se vuelve una sola mancha de color.
Colores fríos
El azul y el verde apagado separan bien a la persona del fondo y dan un aire más sobrio. Ojo con la distancia: cuanto más cerca esté el modelo del papel, más color se refleja en el pelo y en la piel, y ese tinte cuesta de quitar después.
Colores saturados
El amarillo intenso, el rosa o el rojo funcionan para campañas y contenido de redes, no para retratos corporativos. Piden ropa muy sencilla y una idea clara: si el fondo grita, todo lo demás tiene que callarse.
Una regla que usamos siempre en la sala: elige el fondo mirando dónde va a acabar la foto. Si va a convivir con otras diez imágenes en la misma cuadrícula, gana la coherencia; si va sola en una portada, puedes arriesgar.